Analizando los discursos de Abelardo de la Espriella —tanto el de triunfo en Barranquilla como el de posesión en Cali— se construye una narrativa política centrada en la recuperación de la autoridad, la seguridad, la patria, la libertad y la fortaleza del Estado. El presidente electo combina elementos propios de la derecha contemporánea con rasgos asociados al populismo, especialmente la construcción de una oposición entre un "pueblo" que desea recuperar su nación y las élites.
Sin embargo, el elemento más relevante no consiste simplemente en clasificar el discurso como "de derecha" o "populista". Lo importante está en relacionar conceptos que aparecen constantemente en sus intervenciones: pueblo, patria milagro, Dios, autoridad, libertad, seguridad, Estado, instituciones, orden y liderazgo.
De la Espriella afirma defender la Constitución, la independencia de las ramas del poder, la libertad y las garantías para la oposición, pero simultáneamente utiliza una retórica altamente confrontativa en la que el liderazgo presidencial aparece como la figura encargada de recuperar el orden perdido.
Uno de los rasgos más evidentes es la construcción de una relación directa entre "el pueblo" y el líder, acompañada de la identificación de adversarios políticos y sociales.
En el discurso de Barranquilla afirma que la victoria pertenece a los "nunca", a personas que se sienten excluidas de la política y de los medios tradicionales. Este planteamiento permite construir una oposición simbólica: la división es importante porque el populismo suele organizar el espacio político alrededor de una idea de pueblo auténtico que se enfrenta a una élite, un establecimiento o unos actores considerados responsables de los problemas nacionales.
La frase "el pueblo le ha confiado el honor supremo de ser presidente" refuerza esta relación. El presidente no aparece únicamente como un funcionario elegido mediante procedimientos constitucionales, sino como alguien que recibe una misión directamente otorgada por el pueblo, lo que genera una importante carga emocional. La política deja de presentarse únicamente como administración pública y comienza a presentarse como una misión de recuperación nacional.
La expresión "Patria Milagro" cumple precisamente esta función. No se limita a describir un programa de gobierno: construye una expectativa de transformación profunda en la que el país puede superar un periodo de decadencia.
La palabra "pueblo" señala una importancia particular porque funciona como fuente de legitimidad política. De la Espriella sostiene que gobernará para todos, incluso para quienes no votaron por él. Esta afirmación es democráticamente significativa porque reconoce que una elección no elimina el pluralismo político; a pesar de ello, existe una tensión cuando se afirma que determinados sectores deben respetar el "veredicto de las urnas" y se dirige un mensaje especialmente confrontativo hacia Gustavo Petro e Iván Cepeda.
Lo que deja una contradicción interesante: el discurso proclama una democracia incluyente, pero al mismo tiempo mantiene una lógica de confrontación con determinados adversarios políticos.
La cuestión no es que un presidente no pueda criticar a sus opositores en una democracia, sino cuando el discurso transforma la diferencia política en una división moral entre quienes representan la patria y quienes amenazan su recuperación.
Por eso, el afirmar que "no habrá persecuciones" debe analizarse junto con la retórica utilizada hacia los adversarios. La garantía de oposición no se demuestra únicamente mediante una declaración; también requiere que el lenguaje político reconozca al opositor como un actor legítimo dentro del sistema.
La comunicación de estos discursos tiene un carácter marcadamente vertical porque el líder aparece como quien interpreta la crisis, identifica a los responsables y determina cuál debe ser el camino para recuperar el país.
Esta estructura tiene una ventaja política: es sencilla, emocional y fácil de comprender. Los problemas complejos se convierten en narrativas claras: seguridad frente a criminalidad, autoridad frente a impunidad, patria frente a amenaza, mérito frente a privilegio y pueblo frente a "los de siempre".
Pero no todo es tan sencillo, y pone en riesgo a la democracia, ya que la comunicación vertical puede reducir la ciudadanía a una posición fundamentalmente receptiva. El ciudadano escucha al líder, se identifica y respalda su proyecto, pero queda menos espacio para mostrar la construcción colectiva de las políticas públicas, y se puede evidenciar en expresiones como "el tigre ha llegado". El presidente se presenta mediante una metáfora de fuerza y capacidad de respuesta: la autoridad se personaliza; ya no es solamente la autoridad institucional del Estado, sino también la autoridad representada por una figura política concreta. La metáfora del tigre es uno de los elementos más importantes de todo el discurso cuando afirma: "El tigre ha llegado y sabrán lo duro que muerde". Deja de presentarse exclusivamente como una política institucional y adquiere una dimensión personal y simbólica; el mensaje transmite fuerza, determinación y capacidad de respuesta frente a criminales, narcotraficantes y adversarios.
Una vez más haciendo frente a la derecha contemporánea: la reivindicación de orden, autoridad, seguridad, fuerza pública y castigo como respuesta a una percepción de pérdida al control del Estado.
Por otra parte, entre los aspectos más relevantes del discurso se encuentra la constante presencia de Dios. El discurso comienza con una oración de agradecimiento a Jesucristo y termina con "¡Que viva Cristo Rey!". Además, propone recuperar valores asociados con la familia, el mérito y la fe en Dios. En este caso la religión funciona como algo más que una creencia personal: hace parte de la narrativa de identidad nacional y de recuperación moral, lo que resulta interesante en Colombia porque el Estado colombiano es laico. La laicidad no significa que las personas o los gobernantes tengan prohibido expresar sus creencias religiosas; significa que el Estado no puede identificarse oficialmente con una religión ni imponer una determinada fe a toda la ciudadanía, y es que la concepción religiosa en este caso comienza a presentarse como fundamento obligatorio de la identidad nacional.
En este punto, el discurso puede relacionarse con una tendencia de la nueva derecha: la recuperación de valores tradicionales como respuesta a cambios culturales.
Por otro lado, encontramos el uso repetitivo de la "Patria Milagro", la Oración Patria, los homenajes a quienes murieron durante la campaña y el llamado a defender Colombia, construyendo una identidad nacional intensa y de democracia pluralista que debe permitir distintas maneras de entender qué significa ser colombiano.
Por tanto, el problema no es utilizar la palabra patria. El problema aparece cuando se usa como proyecto político: la patria les pertenece a todos los ciudadanos, no exclusivamente al gobierno de turno.
De igual manera, la seguridad constituye probablemente el núcleo más fuerte del discurso. El presidente promete recuperar la autoridad territorial, combatir el narcotráfico, fortalecer la fuerza pública, construir megacárceles y utilizar fumigación aérea. La frase dirigida a las estructuras criminales —"someterse a la ley o enfrentar la fuerza del Estado"— resume la concepción de seguridad planteada, que se presenta como requisito para recuperar el orden, ya que el Estado democrático no puede limitarse a ser fuerte; debe ser simultáneamente fuerte, legal, controlado y responsable.
Por otro lado, en cuanto a economía, fracking y seguridad energética, el discurso de Abelardo presenta una estructura que conecta la política energética con el nacionalismo económico. La preocupación por las reservas de petróleo y gas se presenta como una amenaza a la seguridad energética, mientras que el fracking es presentado como instrumento para evitar la dependencia externa. La incoherencia aparece cuando el discurso defiende, al mismo tiempo, una transición hacia energías más limpias y la expansión de combustibles fósiles, lo que muestra una tensión importante entre crecimiento económico y protección ambiental. Y aunque afirma que será responsable y con altos estándares, no explica cómo se controlarían realmente los impactos: su argumento presenta el fracking como la única salida para evitar el empobrecimiento, dejando de lado otras opciones como renovables, eficiencia energética o diversificación.
El aspecto más interesante de estos discursos no es determinar simplemente si Abelardo de la Espriella es de derecha o si utiliza elementos populistas. La cuestión más profunda consiste en preguntarse qué tipo de Estado está construyendo discursivamente.
Fuentes:
El Colombiano. (2026, julio). EN VIVO | Discurso ganador de Abelardo de la Espriella, Presidente electo de Colombia 2026-2030 [Video]. YouTube. youtube.com/watch?v=iZaQoiD7o2Q
CNN en Español. (2026). Discurso completo de Abelardo de la Espriella en la toma de posesión como presidente de Colombia [Video]. YouTube. youtube.com/watch?v=cKNalMQxhjw
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