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Lo que nos dejó la elección más reñida de la historia

La campaña que se creyó el cuento y el tigre que nadie quiso ver — La Nota Política
Una semana

Hoy es 24 de junio de 2026. Colombia tiene presidente electo. Abelardo de la Espriella ganó por 250.830 votos —la diferencia más pequeña desde que existe la segunda vuelta en este país— y Iván Cepeda aceptó la derrota tres días después con una dignidad que no abunda en nuestra política. Escribo esto para tratar de entender lo que pasó, lo que puede pasar en la oposición, y lo que viene con el gobierno que se avecina. No con predicciones imposibles. No con falsas certezas. Con los datos sobre la mesa y mis opiniones muy claras.

Empiezo con algo personal: yo creía que Cepeda ganaría. Tenía los números, el momento, y un rival con un perfil que en cualquier otra democracia latinoamericana habría sido un lastre imposible de cargar. Me equivoqué. Y creo que Cepeda también se equivocó —en varias cosas que voy a explicar con detalle. Pero también hizo cosas bien que nadie está diciendo esta semana, y eso también vale la pena nombrarlo.

— 1. El triunfalismo que adormece: el error que empezó desde antes de la primera vuelta

Cepeda llevaba meses repitiendo en redes: "Soy Iván Cepeda y seré su presidente". La frase tenía energía, pero tenía una trampa. Miembros de la bancada reconocen que se envió una señal contradictoria a la ciudadanía: si la victoria ya estaba asegurada, ¿para qué salir a votar con la misma intensidad? Mientras la oposición intensificaba su presencia territorial y afinaba su mensaje de “firmes por la patria”, la campaña de Cepeda buscó defender la inercia del favorito.

Cuando la campaña empieza a convencerse de que merece ganar, deja de hacer las cosas que la harían ganar. Eso es lo que yo he decidido llamar “el síndrome del favorito”, y es tan viejo como la política misma. Petro lo sufrió en 2018. Debería haberle servido de advertencia a Cepeda. No fue así.

Altos funcionarios de la Presidencia le habían dicho a El Tiempo que a Cepeda le estaba yendo bien en las encuestas por la popularidad de Petro, "pero que si no había una apertura, iban a perder".
El Tiempo, junio 2026

El dato más revelador lo da el propio entorno del gobierno: sabían que la campaña era sectaria, que le hablaba solo a la izquierda e ignoraba el centro. Y lo dijeron. Pero en la campaña consideraban que, como lideraban las encuestas, estaban haciendo bien las cosas. Ese autoengaño colectivo fue el primero y más caro de todos los errores.

— 2. Las salidas en falso después de la primera vuelta: cuando el candidato se alineó con el ruido de Petro

Tras perder en la primera vuelta —y no hay otra forma honesta de decirlo: perder—, Cepeda tardó en cambiar el rumbo y terminó alineándose parcialmente con los cuestionamientos de Petro sobre el proceso electoral. Aunque luego intentó matizar esas afirmaciones, su postura fue interpretada por muchos sectores moderados e indecisos como una señal de desconfianza hacia las instituciones. Para mí, ahí estuvo uno de sus principales errores: Cepeda dedicó más tiempo a cuestionar el sistema electoral —que considero uno de los más sólidos de América Latina— que a confrontar políticamente a de la Espriella, quien ya era el rival a derrotar en segunda vuelta.

Ese fue un error grueso. Los votantes del centro que Cepeda necesitaba para ganar no quieren escuchar que las instituciones no funcionan; quieren escuchar que alguien sabe cómo mejorarlas. En el momento de mayor incertidumbre, el candidato proyectó más duda que rumbo. Y eso tiene un costo electoral que las encuestas no miden pero las urnas sí.

Para colmo, la figura de Petro —que en las últimas semanas intensificó su participación en política en favor de Cepeda, incluso violando abiertamente la prohibición constitucional— se convirtió en un lastre más que en un motor. Como lo señaló Pulzo, el auge de De la Espriella es una de las consecuencias más claras del discurso divisivo que utilizó Petro durante su mandato. Y Cepeda nunca logró separarse de esa imagen lo suficiente.

— 3. Evitó los debates, perdió la narrativa y dejó que el Tigre fijara la agenda

Mientras lideraba las encuestas, Cepeda evitó los debates. Lo entiendo políticamente —nadie se pega un tiro en el pie estando arriba— pero fue un cálculo equivocado. Los debates no solo sirven para confrontar; sirven para que el país te conozca más allá de tu bancada, para que el candidato construya identidad propia más allá del petrismo. Al esquivarlos, Cepeda dejó que De la Espriella fijara la agenda y las diferencias sin que hubiera una voz que lo contradijera cara a cara.

El problema se combinó con otro: la campaña se preparó para disputarle el liderazgo de la derecha a Paloma Valencia. Pero mientras miraban a Paloma, Abelardo de la Espriella —el Tigre, como él mismo se apoda— estaba construyendo una coalición más amplia, más ruidosa y más territorial. Cuando el equipo de Cepeda se dio cuenta de que el adversario real era otro, ya era tarde.

250.830 Votos de diferencia — la segunda vuelta más reñida de la historia colombiana
12,7 M Votos obtenidos por Cepeda — casi la mitad del electorado colombiano
0,95% Diferencia porcentual entre los dos candidatos — margen mínimo histórico

— 4. La estrategia digital de otra época: mientras De la Espriella usaba IA, Cepeda usaba 2018

Este es quizás el error más técnico, pero no el menos importante. La campaña de Cepeda concentró su estrategia digital en torno a su cuenta principal, desde donde centralizaba el discurso e intentaba mantener el control de los mensajes. Mientras tanto, el movimiento Defensores de la Patria desarrolló piezas gráficas y videos elaborados con inteligencia artificial, construyó una red amplia de grupos en distintas plataformas y coordinaba caravanas en diferentes regiones del país.

En 2026, la batalla política pasa por WhatsApp, TikTok y los algoritmos. Cepeda llegó con la estrategia de 2018. Su rival llegó con la de 2030. No es un detalle menor en un país donde la primera fuente de información política de millones de colombianos es un grupo de WhatsApp familiar.

A eso se sumó la ausencia de estrategas profesionales. El Tiempo reveló que la campaña estuvo prácticamente en manos de su Unidad de Trabajo Legislativo, sin los estrategas externos que Petro sí contrató en 2022 —figuras como Xavier Vendrell y Antoni Gutiérrez Rubí. Petro aprendió de su derrota de 2018. Cepeda no tomó esa misma lección. El analista Alejandro Chala lo dijo sin rodeos: "La jefa de comunicaciones carga cierta responsabilidad porque no abrió la campaña. No se logró articular lo que se buscaba con lo que podía dar el candidato."

— 5. El "Costeño vota costeño": la consigna que nadie supo tapar y el Atlántico que se perdió

De la Espriella es costeño. Y en la Costa Caribe, eso importa. La consigna "Costeño vota costeño" fue simple, emocional y efectiva —todo lo contrario a la comunicación de Cepeda en esa región. El Atlántico, Bolívar y Córdoba son departamentos que el Pacto Histórico habría necesitado para ganar con mayor margen, y en los que Cepeda nunca construyó una presencia electoral sólida. Subestimar el regionalismo en Colombia no es un error nuevo. Pero en una elección que se definió por 250.830 votos, sigue siendo un error muy caro.

La ventaja costeña de De la Espriella, consolidada por casas políticas regionales de enorme peso, nunca fue contrarrestada con una estrategia territorial equivalente por parte del Pacto. Cepeda llegó a la Costa a hacer actos de campaña. De la Espriella llegó a cobrar votos que ya tenía guardados.

"No nos podrán borrar." El mensaje de Sofía Petro la noche del 21 de junio resumió algo real: la izquierda perdió la presidencia, pero obtuvo casi la mitad del país. Eso no desaparece.
Sofía Petro vía X, 21 de junio de 2026

— 6. Lo que Cepeda hizo bien, y que la prensa olvidó al día siguiente

En medio del inventario de errores, me parece necesario ser justo. Cepeda hizo algunas cosas notablemente bien —y el debate post-electoral las ha borrado casi por completo.

Su concesión fue ejemplar. El Colombiano registró que Cepeda asumió públicamente la responsabilidad exclusiva de los errores, blindando a su equipo: "Quien tenga que hacer reclamos por cómo se dirigió la campaña, bien puede dirigirlas a mí." En un país donde los políticos raramente dicen "me equivoqué", eso cuenta. Muchísimo.

No convocó a la violencia. Reconoció los resultados, pidió calma a sus seguidores, presentó las impugnaciones legales pertinentes y se comportó como un demócrata. Mientras Petro convocaba al caos institucional y hablaba de fraude sin pruebas, Cepeda pedía mesura. En un momento de polarización extrema, esa actitud no es menor.

Construyó una coalición real. Sumar a Claudia López, a Clara López, al Partido Verde, a sectores liberales independientes —eso no es poca cosa. El problema es que esa coalición llegó tarde, incompleta, y no logró compensar la desventaja territorial. Pero el esfuerzo estuvo. Y la base que construyó —casi 13 millones de votos— es la plataforma desde la cual se puede ejercer oposición real.

— 7. Lo que dice la izquierda: entre la rabia, la calma y la pregunta del millón

La izquierda colombiana perdió la presidencia. Pero no desapareció. Con 25 senadores y 42 escaños en la Cámara de Representantes, el Pacto Histórico sigue siendo la bancada más grande del Congreso. Y eso es una oposición de verdad, no un simulacro.

Gustavo Bolívar —el exsenador que acompañó la campaña— reaccionó la noche del 21 de junio con un llamado a la calma y a seguir el proceso de escrutinio. Sus palabras reflejaron la tensión de alguien que acepta el resultado pero no lo digiere del todo: pidió abogados para el escrutinio, señaló las irregularidades de las 485 mesas donde Cepeda habría obtenido el 100% de los votos en municipios con presencia armada, y llamó a la militancia a organizarse. No fue el discurso de la derrota; fue el discurso de quien empieza a pensar en la resistencia.

"La oposición queda muy viva. Cepeda como líder y Petro como ciudadano libre para ser oposición en las calles. Tienen calle, con 25 senadores y 36 representantes, y tienen Congreso. Cepeda dice con sus votos que se está consolidando la izquierda en Colombia, que no era pasajera como mucha gente pensó."
Analista Viveros, citado por CNN en Español — junio 2026

El analista Héctor Riveros planteó la tensión interna sin rodeos: "Puede ser un vocero, pero el jefe será Gustavo Petro. Lo primordial es la bancada parlamentaria, y la bancada le va a hacer caso a Petro." Y la profesora Lina Álvarez, de Los Andes, agregó que Cepeda tendrá que ser una voz crítica no solo frente al gobierno de derecha, "sino también frente a la tentación en la izquierda de dejar primar los fines sobre los medios". Eso me parece lo más importante que ha dicho alguien de ese espectro en toda esta semana.

Yo creo que Riveros tiene razón en el corto plazo, pero se equivoca en el mediano. Petro anunció que no volvería a la política —lo creo tanto como creo que el sol sale por el oeste— pero incluso si lo hiciera, su influencia irá menguando. Cepeda, en cambio, tendrá curul en el Senado —cortesía del estatuto de oposición— y con eso una tribuna institucional que Petro, fuera del poder, no tendrá. El que ocupa la silla tiene la palabra. El Tiempo reportó que analistas anticipan una oposición con dos rostros visibles: Cepeda como voz institucional en el Congreso, y Petro como voz de la movilización social. Esa división puede ser funcional. O puede ser la receta del caos.

— 8. ¿Cepeda en la oposición: el nuevo Petro, o algo mejor?

Varios analistas ya perfilan a Cepeda como el jefe de la oposición. Felipe Zuleta lo dijo en Blu Radio con claridad: "El nuevo jefe de la oposición en Colombia será Iván Cepeda, y está bien, eso es lo democrático." Pero hay una pregunta más profunda detrás: ¿va a ser la misma oposición que hizo Petro durante años —ruidosa, confrontacional, centrada en la movilización— o algo cualitativamente distinto?

Yo espero lo segundo. Petro fue un opositor extraordinariamente eficaz desde el punto de vista electoral. Pero su estilo fue también el manual de cómo no gobernar: confrontación permanente, desconfianza institucional como táctica, personalismo extremo. Cepeda tiene la oportunidad —y yo diría que la obligación— de construir una oposición diferente. Más institucional. Más técnica. Menos dependiente del caudillo de turno.

"Si Cepeda ve que puede consolidarse como el jefe de la izquierda y de la oposición, podría estar convencido de que puede ser el próximo presidente, y jugar a ser un jefe de oposición serio, crítico, pero colaborador."
Andrés Felipe Vargas, analista político — CNN en Español, junio 2026

Esa es exactamente la apuesta que yo haría si fuera Cepeda. No el obstruccionismo permanente —que desgasta tanto al que lo ejerce como al que lo padece— sino la oposición rigurosa: fiscalización real, propuestas concretas, y una construcción paciente de credibilidad de cara a 2030. Con 66 congresistas, el Pacto tiene la bancada para hacerlo. Lo que no tiene todavía es la disciplina para ejercerla sin que cada declaración de Petro les robe la agenda.

— 9. Por qué el gobierno de Abelardo de la Espriella me preocupa —y no es solo por ser de derecha

Ahora debo hablar del presidente electo. Lo haré con la misma franqueza que usé para hablar de Cepeda. De la Espriella ganó. Y en democracia, ganar es ganar. El Tiempo describe el resultado como la elección con mayor participación y al mismo tiempo la más reñida desde que se instauró la segunda vuelta en 1994. Esa legitimidad importa. También importan sus señales de alarma.

La prensa. La FLIP documentó que De la Espriella advirtió que a los periodistas que ejercieran "proselitismo político" "no les va a ir bien" en su gobierno. Eso no es una metáfora. Es una amenaza. Y ningún presidente democrático amenaza a periodistas —da igual si son de izquierda, de derecha o de ninguna de las dos. Una cosa es criticar el periodismo que uno considera parcializado —todos los presidentes lo hacen, con más o menos gracia— y otra muy distinta es anunciar consecuencias.

El modelo de seguridad. La FIDH documentó que su plan propone replicar el "modelo Bukele": megacárceles y normas para encarcelar personas de forma acelerada. La FIDH ha documentado que ese modelo se traduce en detenciones arbitrarias de hombres jóvenes y pobres, en lugar de perseguir a los altos mandos responsables de la violencia. Colombia ya probó versiones de este modelo. Apostar todo de nuevo en él, sin más matices, es una apuesta arriesgada para un país con la complejidad del nuestro.

Los señalamientos. Investigaciones de Revista Cambio y Vorágine documentaron señalamientos sobre el origen de algunos recursos de De la Espriella —dineros vinculados a empresas relacionadas con Alex Saab, y vínculos legales y comerciales con familia de un narcoparamilitar condenado. Ninguna de estas investigaciones ha culminado en condena. Pero merecen escrutinio permanente. Precisamente ese escrutinio es el trabajo que le espera a Cepeda en el Senado.

La gobernabilidad partida. El analista Thierry Ways lo dijo con precisión: "Paradójicamente, aunque vamos a tener el mayor respaldo popular de la historia en favor de un presidente, al mismo tiempo vamos a tener una situación de gobernabilidad complicada porque los dos bloques políticos son muy similares en tamaño. El país, definitivamente, está partido por la mitad." De la Espriella llega a la Casa de Nariño sin una bancada propia mayoritaria —apenas tres senadores del partido Salvación Nacional— y necesitará construir coalición con el Centro Democrático, el conservatismo y los partidos tradicionales. CNN en Español analizó que gobernar será realmente difícil. Gobernar un país partido por la mitad con un estilo confrontacional es la receta para cuatro años de caos institucional.

— Colombia eligió entre dos polarizaciones. La izquierda perdió. No desapareció

Colombia eligió en estas presidenciales entre dos modelos de polarización. Cepeda representaba la continuidad del proyecto Petro —con correcciones, con más moderación en el discurso, pero con el mismo ADN ideológico. De la Espriella representaba la reacción a ese proyecto, con una energía populista de derecha que toma referencias —como señalaron varios analistas— de Bukele y Milei.

Ninguno de los dos es la Colombia que yo querría. Pero en democracia no siempre elegimos entre lo bueno y lo mejor; a veces elegimos entre lo complicado y lo preocupante. Y la mitad del país eligió a De la Espriella. Eso merece ser tomado en serio —no como una catástrofe inevitable, sino como una señal de que la izquierda colombiana tiene trabajo por hacer para reconectar con un electorado que se sintió desatendido durante cuatro años.

Cepeda tiene ahora la oportunidad de hacer algo que Petro nunca logró del todo: ser una oposición institucional, rigurosa y democrática. Con casi 13 millones de votos, la izquierda sigue siendo una fuerza central. No es un fenómeno pasajero. Es la mitad del país. Si Cepeda lo logra, el 21 de junio de 2026 puede ser el principio de algo, no solo el final de algo.

Pero primero tiene que convencerse de que la derrota también enseña. Y que el tigre que nadie quiso ver seguirá rugiendo desde la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años.

Sobre el autor
David Novoa
David Novoa
Director e Investigador Principal de Gobernabilidad — La Nota

Estudiante de Ciencia Política en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD). Se desempeña como investigador junior en temas de gobernabilidad, conflicto armado y calidad de la democracia. Ha sido analista de coyuntura nacional en medios de comunicación alternativos. Es columnista de opinión en revistas como Vía Pública y Al Poniente, y es colaborador editorial en espacios como El Espectador, EsDePolitólogos, la Revista Arista Jurídica, la Revista de Estudiantes de Ciencia Política de la Universidad de Antioquia y la Registraduría Nacional.

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