Hoy es 25 de mayo. En siete días Colombia elige. Las encuestas que iban a salir ya salieron —la veda empezó ayer, el 24—, así que los números sobre la mesa son los que van a acompañarnos hasta el 31. No van a cambiar. Lo que sí puede cambiar es lo que pase con ellos: cómo se mueven los indecisos en la última semana, qué tanto sale a votar la gente, si el clima en algunas regiones del país permite votar con algo parecido a la normalidad.
Escribo esto para tratar de ordenar lo que sabemos, lo que no sabemos y lo que los números no cuentan. Sin predicciones imposibles. Sin falsas certezas. Con los datos sobre la mesa.
Es tentador, a estas alturas de la campaña, buscar señales definitivas. Leer el último sondeo como si fuera un oráculo. Creer que el promedio de cinco encuestadoras que no se ponen de acuerdo resuelve la incertidumbre. No la resuelve. Lo que hace esta nota es algo más modesto y más útil: explicar por qué los números que ya tenemos son más complicados de lo que parecen, qué es lo que no capturan, y qué escenarios son plausibles sin que ninguno sea inevitable.
— 1. El mapa electoral tiene tres candidatos y una gran incógnita
Desde las consultas interpartidistas del 8 de marzo quedó claro que esta elección es de tres: Iván Cepeda por el Pacto Histórico, Abelardo de la Espriella con Defensores de la Patria, y Paloma Valencia por el Centro Democrático. Los demás candidatos —Sergio Fajardo, Claudia López, Roy Barreras— aparecen en todas las encuestas por debajo del 4% y no tienen ruta matemática hacia la segunda vuelta.
La pregunta que no tiene respuesta definitiva a estas alturas no es quién sale primero. Ese debate prácticamente está cerrado: Cepeda lidera todas las mediciones y pasará a segunda vuelta. La pregunta que nadie puede contestar con honestidad es quién ocupa el segundo puesto.
| Encuestadora | Cepeda | De la Espriella | Valencia | Fecha campo |
|---|---|---|---|---|
| Invamer (Caracol / Blu) | 44,6% | 31,6% | 14,0% | 13–20 mayo |
| Guarumo – EcoAnalítica | 37,1% | 27,5% | 21,7% | 11–19 mayo |
| Génesis Crea | 34,3% | 21,7% | 27,9% | 14–20 mayo |
| CNC (Cambio) | ~38% | ~20% | ~19% | Inicio mayo |
Esa variación entre encuestadoras no es un error ni una conspiración. Refleja algo real: el segundo y el tercer puesto están tan juntos que metodologías distintas arrojan resultados distintos. Invamer pone a De la Espriella casi 18 puntos arriba de Valencia. Génesis Crea los pone al revés, con Valencia seis puntos por delante. Eso no se puede ignorar.
Cepeda pasa primero. Hay segunda vuelta el 21 de junio. Lo de más allá es genuinamente incierto.
— 2. Cepeda lidera, pero tiene un techo y un problema de imagen que no desaparece
El liderazgo de Cepeda en primera vuelta es consistente en todas las mediciones. El promedio de las cinco encuestadoras que publicaron datos en mayo lo ubica en torno al 38–39%, con Invamer como el dato más alto (44,6%) y Génesis Crea como el más bajo (34,3%). El promedio real probablemente está en ese rango intermedio.
Hay dos cosas que ese liderazgo no resuelve. La primera es matemática: para ganar en primera vuelta necesita el 50% más un voto. Con más de 41 millones de colombianos habilitados para votar, eso equivale a una cantidad de sufragios que ninguna encuesta lo sitúa cerca de alcanzar. No gana en primera vuelta.
La segunda es política y es más duradera: el rechazo activo hacia Cepeda es el más alto del campo. Guarumo preguntó "¿por quién nunca votaría?" y el 42,9% de los encuestados mencionó a Cepeda. Invamer tiene un número similar. Ese rechazo es el que define las posibilidades en segunda vuelta —y ahí es donde los datos se ponen realmente interesantes.
Lo que eso quiere decir en términos estratégicos es significativo: Cepeda puede pasar primero el 31 de mayo con una ventaja cómoda y aun así enfrentarse a una segunda vuelta donde más del 40% del electorado ya tomó la decisión de no votarlo bajo ninguna circunstancia. El voto duro de rechazo es tan movilizable como el voto duro de apoyo. Y en segunda vuelta, con solo dos opciones en juego, ese rechazo se convierte en combustible para el otro candidato.
Cepeda gana en primera vuelta con facilidad, pero en segunda vuelta los escenarios cambian radicalmente.
Guarumo, que es una de las firmas presenciales más sólidas de esta campaña, proyecta que Cepeda pierde en ambos escenarios de segunda vuelta: Valencia lo derrotaría 44,8% contra 39,9%, y De la Espriella lo vencería por casi cuatro puntos. Invamer, en cambio, sigue poniendo a Cepeda ganador en segunda vuelta contra ambos rivales, aunque con márgenes que se han ido reduciendo. Esa contradicción entre firmas no tiene respuesta antes del 31 de mayo.
Cepeda sale primero. No gana en primera vuelta. En segunda vuelta, su victoria es disputada y los datos de rechazo son el factor más importante que hay que seguir.
— 3. De la Espriella creció, pero el segundo puesto sigue sin estar sellado
El crecimiento de Abelardo de la Espriella en las últimas semanas es uno de los datos más sólidos de esta campaña. En abril rondaba el 20–23% según todas las firmas. En mayo, Invamer lo pone en 31,6% y Guarumo en 27,5% —un salto de entre 5 y 10 puntos en menos de un mes—.
Ese crecimiento tiene una explicación geográfica clara. En la Costa Caribe, su región política de origen y donde las casas políticas más poderosas lo respaldan, De la Espriella tiene una ventaja que difícilmente se va a mover. Las encuestadoras que hacen más trabajo en zonas urbanas del interior del país y por teléfono tienden a subrepresentar ese voto costeño, lo que probablemente explica parte de la varianza entre firmas.
El problema —y esto es lo que convierte el segundo puesto en una incógnita real— es que no todas las encuestadoras confirman el mismo tamaño de esa ventaja. Génesis Crea, con trabajo de campo entre el 14 y el 20 de mayo, pone a Valencia 6 puntos por encima de De la Espriella. Para que eso sea cierto tendría que haber algo en la Costa que los datos de otras firmas no están capturando, o algo en el interior del país donde Valencia tiene más fuerza de la que Invamer y Guarumo sugieren.
Lo más importante en el análisis de De la Espriella no es el primer puesto —ese ya lo tiene Cepeda— sino qué pasa si llega segundo: según Guarumo, lo vence en segunda vuelta. Ese es el escenario que más le preocupa al Pacto Histórico, y con razón.
El crecimiento de De la Espriella es real. Su base costeña es sólida. Pero la ventaja sobre Valencia en el dato agregado nacional varía tanto entre firmas que no hay certeza de quién queda segundo. Eso se define el 31.
— 4. Paloma Valencia ganó la consulta, pero perdió el momentum. Y sin embargo, sigue en la pelea
Este es el caso más difícil de leer de toda la campaña. Paloma Valencia ganó la Gran Consulta por Colombia el 8 de marzo, que era el proceso democrático interno de la derecha, y llegó con el viento a favor. En las primeras semanas post-consulta fue la candidata que más creció en las encuestas. Luego tomó una decisión estratégica que tiene lecturas contrapuestas hasta dentro de su propio equipo: giró hacia el centro para capturar votantes moderados que no son uribistas de convicción, e incorporó a Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial.
El resultado es paradójico. Ese movimiento al centro puede ser exactamente lo que la hace más competitiva en una eventual segunda vuelta —donde los votos moderados son decisivos— pero al mismo tiempo le costó parte de su base original, que migró hacia De la Espriella.
Las encuestas de mayo la ubican entre 14% (Invamer) y 28% (Génesis Crea). Esa es una horquilla absurdamente amplia para una candidata a diez días de la elección. Lo que eso quiere decir, en términos prácticos, es que dependiendo de qué firma resulte más acertada el 31 de mayo, Valencia puede quedar segunda o puede quedar tercera por un margen amplio. Las dos cosas son plausibles con los datos disponibles.
Hay algo más que los números no muestran con claridad: el tipo de votante que moviliza Valencia es distinto al que moviliza De la Espriella. Su base en ciudades como Bogotá, Cali y Medellín tiene un perfil más educado, más urbano, más conectado a redes sociales —un electorado que en 2018 votó Duque en segunda vuelta pero que en 2022 se fragmentó. Si esa base decide que Valencia es la opción más viable para el 21 de junio y sale a votar con esa convicción el 31, los números de Invamer pueden estar subestimando su resultado real.
La paradoja de fondo es esta: la candidata que los datos sugieren que tiene más posibilidades de ganarle a Cepeda en junio es la que más riesgo tiene de no llegar a junio. Eso no es una anomalía de esta campaña —es la consecuencia directa de que dos candidatos de oposición con bases distintas compiten por el mismo cupo de segunda vuelta.
Valencia sigue en la pelea por el segundo puesto. Los datos de segunda vuelta la favorecen sobre Cepeda. Pero si no pasa el 31, eso no importa.
— 5. La seguridad cambió el aire de esta campaña. Y eso no aparece en ninguna tabla
Este es probablemente el punto que más se subestima en los análisis electorales que se quedan solo en los números.
Colombia llega al 31 de mayo con una campaña que se desarrolló bajo una presión de violencia que no se veía en este país desde antes del Acuerdo de Paz de 2016. La Misión de Observación Electoral advirtió que hay 170 municipios en riesgo electoral. El Registrador Nacional alertó que grupos armados ilegales intimidan el proceso en el 40% de los territorios donde hacen presencia. En diciembre de 2025, la MAPP/OEA reportó que en algunas zonas esos grupos exigían pagos para permitir precandidaturas.
El candidato Miguel Uribe Turbay fue asesinado. El coordinador de campaña de De la Espriella en Cubarral fue asesinado el 15 de mayo. Los tres candidatos líderes han recibido amenazas de muerte formales, según el Departamento de Estado de EE.UU., que expresó inquietud pública por la seguridad del proceso.
La seguridad desplazó a la economía como el tema número uno de preocupación para los votantes colombianos en 2026. El aumento de la violencia, la expansión de grupos armados y el fortalecimiento de economías criminales son los factores que más pesan en la decisión de voto, según múltiples encuestadoras.
Eso tiene una traducción electoral directa. El fracaso percibido de la Paz Total del gobierno Petro —que los grupos armados usaron las mesas de negociación para crecer, armarse y hacer política electoral, según el análisis de varios candidatos— es hoy el mayor activo de los candidatos de oposición y el mayor pasivo de Cepeda, que representa la continuidad de ese proyecto.
El analista político Jaime Arango, exasesor de seguridad durante el gobierno Duque, lo dijo con claridad a CNN en Español: en estas elecciones las palabras clave son miedo y odio, y los candidatos así lo entendieron. Los ataques pueden profundizar esos discursos y generar audiencias más convencidas a la hora de ir a las urnas. Ese efecto no aparece en ninguna tabla de intención de voto. Pero moldea comportamientos electorales de manera silenciosa y sostenida.
— 6. La guerra por el segundo puesto tiene una lógica perversa
Hay algo en esta campaña que vale la pena nombrar con claridad porque no suele decirse así: tanto De la Espriella como Valencia tienen incentivos para seguir hasta el final, pero esa competencia los debilita mutuamente.
Ninguno de los dos tiene razones matemáticas para bajar. Ambos creen que pueden quedar segundos. Y eso es lo que los datos contradictorios entre firmas permiten sostener hasta el 31. Pero cada punto que sube uno es, en buena medida, un punto que no sube el otro. Y mientras se comen entre sí, Cepeda consolida su liderazgo.
Hay un precedente reciente que vale la pena tener en mente: en 2022, Rodolfo Hernández llegó de manera inesperada al segundo puesto desde una posición de alrededor del 12% en las semanas previas. No hay ningún candidato en ese rango hoy que tenga ese perfil de sorpresa —pero el dato histórico sirve para recordar que las últimas semanas de campaña en Colombia tienen una historia documentada de movimientos tardíos que los modelos no anticiparon.
Lo interesante es que las dos opciones de segunda vuelta presentan escenarios completamente distintos para el 21 de junio. Si pasa Valencia, Guarumo proyecta que le gana a Cepeda por casi cinco puntos —pero Invamer la ve perdiendo—. Si pasa De la Espriella, Guarumo lo ve ganando por cerca de cuatro puntos —pero Invamer también lo ve perdiendo—. En los dos casos, las firmas que miden la segunda vuelta no se ponen de acuerdo. Lo que eso quiere decir es que el 21 de junio, sea cual sea el escenario, va a ser una elección genuinamente abierta.
Las últimas semanas de campaña han demostrado ser decisivas históricamente para los indecisos y para fenómenos electorales inesperados. En 2018 fue Fajardo; en 2022 fue Hernández. El electorado colombiano tiene historia de sorpresas tardías.
— 7. Los indecisos, la abstención y el efecto que nadie modela bien
Este es el punto donde toda predicción electoral en Colombia tiene que admitir sus límites.
Las encuestas capturan intención de voto. No capturan quién efectivamente va a ir a las urnas el 31 de mayo. Y esa diferencia importa muchísimo cuando hay zonas del país donde la presión armada puede deprimir la participación, cuando hay un universo de más de 41 millones de colombianos habilitados para votar, y cuando los indecisos —que en varias encuestas siguen siendo el 6–8% del electorado— pueden romper hacia cualquier lado en la última semana.
El efecto de la abstención diferencial es especialmente importante en este ciclo. Si en las ciudades grandes del interior —Bogotá, Medellín, Cali— vota poca gente, el peso del voto costeño crece y eso favorece a De la Espriella. Si hay alta participación urbana en el interior, esa ventaja se reduce. Ese cálculo es el que los equipos de campaña están mirando con más atención en estos últimos siete días.
Una campaña sin debates televisivos, donde la pelea se libró en plazas y en redes sociales, también tiene consecuencias difíciles de cuantificar. Los ecosistemas de información paralelos —donde los seguidores de cada lado viven en burbujas donde los hechos incómodos no existen— hacen más difícil que los mensajes de campaña lleguen más allá de quienes ya están convencidos. Eso hace la última semana más impredecible, no menos.
Hay un factor adicional que vale la pena nombrar: el voto joven. En Colombia, los menores de 30 años representan una porción significativa del padrón habilitado, y su participación histórica ha sido más baja que la de los grupos de mayor edad. Pero en 2022, ese patrón cambió parcialmente —el ciclo Petro movilizó electorado joven de manera notable—. Si en 2026 ese electorado se desmoviliza porque Cepeda no genera el mismo entusiasmo generacional, eso podría afectar los números finales de manera que los modelos de encuesta no están capturando.
— Lo que viene después del 31 importa tanto como el resultado
Esta no es una elección ordinaria. Es la que decide si Colombia le da continuidad a ocho años de izquierda en el poder o si gira hacia el proyecto de derecha más combativo que ha tenido en mucho tiempo. No hay opción intermedia real en este escenario: el centro colapsó electoralmente y los candidatos que intentaron ocuparlo no encontraron espacio suficiente.
Lo que más me preocupa no es el número del 31 de mayo. Es que ninguno de los dos escenarios de segunda vuelta que se vienen va a resolver la tensión de fondo. Va a imponer un resultado sobre una mitad del país que no lo quiso. Y en Colombia, esa mitad no tiene historia de quedarse callada.
Lo que sigue después del 31 es igualmente importante: la transición hacia el 21 de junio, la capacidad del candidato que quede segundo de construir una coalición amplia y creíble, y la disposición del que llegue primero de hablarle a quienes no lo votaron. Esas tres cosas van a determinar si la segunda vuelta es una elección de convicción o una elección de miedo. Y en Colombia, esa diferencia importa.
Dicho eso: los colombianos van a votar. Y probablemente van a votar en números altos. La politización es la más alta en décadas. Eso, al final del día, sigue siendo lo que diferencia a una democracia funcional de una que se cayó.
0 Comentarios