El mundo según Trump: “Un impulsivo sin ley”
Las maneras de gobernar en el mundo han experimentado cambios en los últimos años, Donald Trump se consolidó con un estilo de política que abandona los matices diplomáticos, adopta una postura más directa, excluyente y a menudo confrontativa, aunque el ejercicio del poder permanece sin cambios. La transformación es perceptible desde el discurso interno, especialmente en temas como la política exterior y la migración.
El avance de amenazas, tanto internas como externas, es un componente clave. Lo único que se logra al calificar a los migrantes como criminales y enfermos psiquiátricos -sin evidencia- es legitimar políticas restrictivas que agravan la división social, fortalecen los estigmas. Al mismo tiempo, a nivel internacional, el reconocimiento de enemigos provenientes de América Latina o del Medio Oriente han sido utilizados para legitimar sanciones económicas, intervenciones militares y presiones políticas que van más allá de lo permitido por el derecho internacional. Estos tienen un impacto que no solo se evidencian en los gobiernos, sino también en la población civil de manera directa, lo que demuestra una desconexión entre las decisiones estratégicas y los efectos humanitarios.
Esta dinámica es especialmente alarmante, toda vez que, socava los principios que han tratado de regular la coexistencia a nivel internacional, como la soberanía estatal o la prohibición del uso arbitrario de la fuerza y, si una potencia actúa sin límites definidos, no solo redefine su posición en el mundo, sino que, además, sienta precedentes que pueden ser imitados por otros actores y, por ende, eleva la inestabilidad a nivel global.
Por lo tanto, el fenómeno actual no debe ser entendido solo como una consecuencia de decisiones individuales, sino también como la manifestación de una estructura de poder que se ha encontrado en este liderazgo, una manera más explícita de expresarse. No obstante, esa evidencia lo vuelve más riesgoso, cuando se implementan prácticas que promueven la supremacía en lugar de la cooperación, se disminuye la habilidad de construir un sistema global más justo.
En resumen, el liderazgo de Trump no establece una nueva lógica; al contrario, retoma las intervenciones militares y toma decisiones que son altamente cuestionables porque infringen principios fundamentales del derecho internacional, como la soberanía estatal, la prohibición de emplear la fuerza de manera unilateral.
Ningún líder debería tener el poder de tomar decisiones sobre otras naciones, ya sea por ambiciones políticas o intereses estratégicos, máxime cuando se pone en riesgo la vida de miles de personas. Así mismo, cuando se actúa sin un acuerdo internacional verdadero, se debilitan las organizaciones multilaterales que tienen precisamente el propósito de prevenir este tipo de acciones arbitrarias. Estas decisiones reflejan una lógica de poder en la que algunos mandatarios se sienten con derecho a imponerse sobre otros, desatendiendo su historia, su contexto y su autodeterminación. En esa falta de límites y acciones, radica la profundidad del cuestionamiento, teniendo en cuenta que el lenguaje no es inocente cuando se deshumaniza a naciones enteras.

0 Comentarios