De los matices a las trincheras: el nuevo bipartidismo colombiano


Alejandro Gaviria deja en medio de la discusión una idea incómoda, pero que quizá puede ser muy fácil de ignorar: Colombia podría estar entrando en una nueva era de bipartidismo. Esta vez no es el de los conservadores o los liberales, que dominó durante extensas y conflictivas décadas, sino uno más áspero y contemporáneo, más polarizado y que crece constantemente, articulado entre el uribismo del Centro Democrático y el proyecto de “cambio” del Pacto Histórico. La duda naciente a raíz de este mismo ya no es la de comprobar la existencia o no del bipartidismo, sino la de entender qué le hace al país una contienda presidencial llevada desde una lógica polarizada de dos grandes bandos.

Hoy la discusión pública parece organizarse más alrededor de las identidades políticas que de las mismas propuestas de los candidatos. La sociedad se ve enfrentada a un fenómeno ideológico en donde, si aparece una idea de un bando, responde duramente la otra, sin posibilidad de duda o de pensar distinto. Incluso, naturalmente, se acrecienta el discurso de la inexistencia del centro o denominados tibios políticos.

A diferencia del bipartidismo clásico, este bipartidismo contemporáneo ya no es la división o muestra de los fuertes órdenes, sino que, por el contrario, se ve directamente polarizado sin siquiera buscar una idea de estructurarse. Pero reducir un panorama político tan “diverso” a dos orillas políticas puntuales puede llegar a ser tan útil como engañoso.

Colombia no deja de ser un país fragmentado, donde existe una gran pluralidad de liderazgos, pero esta fragmentación se ve reducida o conducida a polarizarse y a alinearse con el partido fuerte para lograr una cuota electoral.

El resultado claro de esto lo muestran las elecciones del 8 de marzo: en Senado, el Pacto Histórico y el Centro Democrático lograron 42 curules y, a su vez, en Cámara de Representantes lograron 62 curules, ostentando un gran porcentaje del Congreso concentrado en dos partidos políticos.

Lo que quizás para muchos es muy difícil de comprender es que, si el país entró en esa lógica de dos bloques, las elecciones presidenciales no solo serían una disputa de programas, sino un plebiscito emocional entre proyectos extremos de país.

Tal vez, solo tal vez, el nuevo bipartidismo no sea una estructura consolidada dedicada a esto muchos años, sino más bien una fotografía del momento. Pero si esa fotografía se convierte en regla, Colombia puede estar dejando atrás la política de matices para entrar en una de trincheras altamente polarizadas.

Colombia debe despertar y entender que no solo se elige presidente; se está decidiendo si quiere seguir viviendo en la “comodidad” de los matices o aceptando una política cada vez más partida en dos. Puede que no estemos ante el bipartidismo perfecto, pero sí estamos ante una realidad innegable. Y cuando la política se reduce a dos extremos, el reto ya no es solo ganar las elecciones: es ver quién logra imponer un discurso populista y convertirse en un seguidor fanático a capa y espada.

Las fuentes que el autor consultó para contar esta historia fueron estas:

Radio Nacional de Colombia, Cámara de Representantes 2026-2030: así quedó distribuida. 

RTVC Noticias, Elegidos Congreso de la República periodo 2026-2030. Contra el fanatismo. Alejandro Gaviria.

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